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Irrumpió en el mundo del atletismo cuando pocos lo esperaban, marcó récords aún hoy impensables y dominó las pistas durante una década con simpatía contagiosa. Mañana, en los Mundiales que están a punto de cerrarse en Londres, Usain Bolt, el hombre más veloz del planeta, dice adiós.

Y lo hace el astro jamaicano adorado como lo fue siempre, en un clima de prematura añoranza. No importa que el pasado sábado no lograra el oro que todos los fans esperaban en la final de los 100 metros. Su bronce se ovacionó como si fuera dorado.

Y lo mismo sucederá mañana, cuando el rey de las pistas salte al tartán del Estadio Olímpico de la capital británica para, con el relevo 4x100, despedirse de sus incondicionales definitivamente.

Nadie quiere perderse esa última actuación del atleta más rápido de la historia, del hombre que, con su carisma y su excelso talento, recuperó para el atletismo un lugar destacado en las agendas deportivas. 

Durante el último decenio, cada cita con el astro jamaicano ha sido sinónimo de espectáculo. Por sus marcas: 9,58s en los 100 metros y 19,19s en los 200, récords mundiales vigentes. Por sus conquistas: ocho oros olímpicos y 11 oros mundiales. Por cómo las alcanzó: empequeñeciendo a sus rivales. Y por cómo las celebró: el gesto del arquero que precede a la danza siempre compartida con el público.

No se esperaba menos en estos Mundiales, aunque el 'Rayo' tenga ya 30 años en sus piernas y todos los éxitos posibles a sus espaldas. 

Bolt quería despedirse por todo lo alto. Saltar el pasado sábado a la pista del Estadio Olímpico y, en la noche londinense, como en agosto de 2012, conquistar con autoridad una nueva final del hectómetro.

Para sorpresa generalizada, el veterano Justin Gatlin se lo impidió. El 'villano' estadounidense se impuso en los cuadros, que también cruzó antes el joven Christian Coleman, plata.

El estupor de los fans duró el tiempo que Bolt tardó en saludarlos casi como si hubiera vencido. Así festejó desde que, en 2008, en los Juegos de Pekín, logró sus dos primeros oros olímpicos, en los 100 y 200 metros, con dos plusmarcas mundiales que más tarde batiría él mismo.

Desde entonces y hasta el pasado sábado, ningún rival había sido capaz de superarlo en una gran cita. Ni sus compatriotas Yohan Blake, Asafa Powell y Nesta Carter ni el propio Gatlin, que acumulaba un buen puñado de derrotas ante el todopoderoso Bolt.

Todos, también el estadounidense Tyson Gay, que lo había derrotado en los 200 metros del Mundial de Osaka 2007, fueron opacados por la insultante superioridad de Bolt. 

Hasta que Gatlin lo batió en la final de los 100 del sábado, las escasas derrotas del hombre más rápido del mundo se ceñían a carreras 'menores' (trials, Diamond League, Golden League, Super Grand Prix), antes o después de competencias mayores. 

Y además, siempre habían sido ante rivales que, en algún momento, dieron positivo por dopaje: Gay, Gatlin, Powell, Blake. En la última década, Bolt es el único velocista que puede presumir de haber alcanzado sus fabulosos logros limpio de sospecha.

Suyas son las únicas nueve mejores marcas en la historia del hectómetro logradas por un atleta que nunca dio positivo. Las 24 restantes las registraron velocistas dopados.

"No es divertido que pase eso", señaló Bolt en su primera rueda de prensa en Londres. "Pero yo sólo creo en el camino del trabajo duro. Y los controles funcionan cada vez mejor; al que hace trampas se le agarra siempre", añadió el atleta que más patrocinadores se disputaron y el que más ganancias acumuló en un deporte con el que pocos se hacen ricos.

Fue así, con trabajo duro, como Bolt se sobrepuso a la escoliosis que desviaba su columna vertebral. Y a su pierna derecha más corta. Y a los rigores de los 100 metros, una distancia a la que no llegó hasta los 22 años. 

"Con el 100 no empecé hasta 2008. No sabía que podría ser tan bueno también, pero a los dos meses de practicarlos batí el récord del mundo", rememoró el jamaicano, como muestra de sus fantásticas dotes.

"Y lo que me convenció de verdad para verme como un corredor de 100m es que son menos cansados que los 200m, y por eso este año de mi despedida no he corrido carreras de 200", añadió el atleta que conquistó a todos con su imborrable sonrisa y su sentido del humor.

Tras los tres oros olímpicos de Río 2016, el cansancio que supone estar tantos años en la primera línea, luchando por marcar los mejores registros, y las lesiones han hecho mella en Bolt.

En 2017, antes de llegar a Londres, el astro jamaicano había corrido sólo tres carreras de 100 metros y, aunque las había ganado todas, sólo en una, en Mónaco en julio, había bajado de los 10 segundos.

Sobre el tartán del Estadio Olímpico de Londres, el "Rayo" registró su mejor marca de la temporada (9,95), pero no le alcanzó.

"Les dije que, pasara lo que pasara, iba a salir a dar lo mejor de mí por mis fans y eso hice. Estoy decepcionado porque no pude ganar, pero lo hice lo mejor que pude", afirmó Bolt el sábado, después de haberse quedado a dos peldaños del lugar que siempre ocupaba.

"Al día siguiente de mi última victoria individual leeré en los periódicos 'Bolt, imparable; Bolt, imbatible'", había anticipado el astro jamaicano unos días antes de la final, con esa honesta superioridad que nunca fue tomada como soberbia.

En esta ocasión, por primera vez en toda su carrera, su pronóstico falló. "Usain Bolt se despide con derrota", titularon los medios.

Tras decidir no disputar los 200 metros -visto el tiempo en el que se ganó, probablemente habría sumado otro oro-, mañana, en el relevo 4x100, el astro tendrá una nueva y última ocasión para decir definitivamente adiós como él quería. Para decepción de la mayoría, la inesperada derrota individual no le hizo reconsiderar su decisión.

"Esto no cambia nada. Perdí ante un gran competidor y ante un joven talento que tiene un gran futuro por delante. Iba a retirarme ganara o perdiera. Es hora de que me vaya", sentenció Bolt tras su primera derrota en la última década. 

"Después de Bolt, el mundo seguirá rodando y el atletismo, también", aseguró, días después, Sebastian Coe, el mito británico que preside el máximo órgano rector del atletismo (IAAF), tras igualar el impacto de Bolt en el atletismo al del legendario Muhammed Ali en el boxeo.

La estrella jamaicana se retira mañana consciente de su incalculable legado y pensando en llevar, a partir de entonces, "una vida normal".

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