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No suficiente con levantarse a las 4 de la mañana, cambiar la dieta y eliminar las fiestas pasadas de los viernes, los atletas que buscan el sueño de una maratón tienen más sacrificio de por medio.

Si los martes y jueves tienen trabajos complicados en pista o circuitos, los sábados el esfuerzo va más allá de eso. Unos tienen que cumplir con 25, otros con 30 y algunos hasta con 33 kilómetros de entrenamiento.

La madrugada de un sábado cualquiera se convirtió en el momento perfecto para darle seguimiento a un fondo de 33 kilómetros en el equipo Runners, mismo que es comandado por Víctor López.

Dejando de lado las cobijas y los sueños que estaban merodeando en la mente, a las 4:30 AM ya es hora límite para calentar de cara a lo que se viene. Claro está que si se quiere pasar la meta en Chicago, New York o Sacramento, esto tiene que meterse en el itinerario.

Más o menos 15 minutos después comienza el recorrido largo y amplio que el "Prossor" estableció. Se parte de Sabana sur, encarrilándose a Escazú, pasando por Lindora, subiendo por San Rafael de Alajuela y rematando en Turrúcares. No señor, no es nada fácil.

Pero lo más emocionante de todo es ver cómo el grupo se convierte en una familia que crea puestos de asistencia, tiene sus bolsas de agua e hidratante a mano e incluso se devuelven por alguno que quedó atrás.

¿Para qué sirve un fondo? Si se quiere una curva de rendimiento adecuada con el fin de cumplir una maratón, meterle kilómetros a las piernas es fundamental. La intención es llegar sabiendo lo que su cuerpo puede aguantar en el trayecto.

¿Y cómo lo hacen? ¿Llegan bien? El reportaje se los dirá.

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Tagged under: atletismo, Costa Rica
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