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¿Histórico? No para la ambición de Chile. "La Roja" celebró con cautela el pase a su tercera final grande en tres años y dejó claro que su hambre solo se saciará de un modo: ganando el domingo la Copa Confederaciones de fútbol en Rusia.

"Vamos por más, muchachos", fue el simbólico mensaje que dejó de madrugada en la red social Instagram Claudio Bravo, horas después de convertirse en el héroe de la semifinal de Kazán al detener los tres primeros lanzamientos del Portugal de Cristiano Ronaldo en la tanda de penales que dio a Chile el pase a la final.

"Ahora falta un paso para hacer historia, no nos conformamos con llegar a la final", había dicho el arquero y capitán chileno tras el partido, con la mirada ya puesta en la final del domingo en San Petersburgo que "La Roja" jugará ante el ganador de la otra semifinal que Alemania y México disputan hoy en Sochi.

El "hambre" chileno vas más allá de las palabras y pudo verse con claridad en la semifinal. En un torneo muy exigente, con poco tiempo entre partidos, los de Juan Antonio Pizzi exhibieron ante Portugal su fútbol físico y aguerrido sin concesiones e incluso tras 120 minutos agotadores pudieron marcar con un doble palo sobre el final.

También reveladora fue la celebración medida de los jugadores: el nuevo hito en la historia del fútbol chileno está bien, pero la euforia se reserva para el domingo. "Ojalá terminemos siendo campeones. Es el sueño nuestro. Tenemos muchos sueños todavía", dijo un sonriente Arturo Vidal, icono de la garra chilena.

Y las perspectivas son buenas: tras eliminar a la campeona de Europa y a Cristiano Ronaldo, la campeona de la Copa América en 2015 y de la Copa América Centenario en 2016 llegará como favorita a la final de la Confederaciones, un "mini Mundial" que reúne a los campeones de cada confederación, al campeón mundial y al anfitrión.

Alemania es campeona del mundo y dejó una buena imagen durante el torneo, pero el técnico Joachim Löw llevó a Rusia un plantel "B" de jóvenes y debutantes que Chile estuvo ya cerca de doblegar en la fase de grupos, aunque el partido terminara luego 1-1. México, un equipo agresivo y fuerte, no parece a priori estar al nivel de "La Roja".

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Vidal se ilusionó con Alemania, donde se encontraría a algunos compañeros del Bayern Múnich como Joshua Kimmich. "Esperamos encontrarnos con ellos en la final, como quedamos con Kimmich, pero va a ser muy difícil el partido de Alemania-México. México tiene un equipo muy bueno", advirtió a los alemanes.

Otro aspecto puede jugar a favor de Chile: aunque el equipo sufrió el esfuerzo adicional de una prórroga, tendrá un día más de recuperación que su rival el domingo. El dato puede resultar decisivo para una selección que plantea partidos muy exigentes, con presión alta y un despliegue físico y anímico siempre al límite.

"Ahora vamos a descansar y tratar de recuperar la fuerza de todos los jugadores. Y de acuerdo a cómo se vayan recuperando iremos tomando las decisiones", explicó Pizzi tras la semifinal. Más allá del rival, la prioridad del técnico argentino es volver a contar con sus 23 jugadores en plena forma.

Pero lo cierto es que Chile llegó a la semifinal con un día menos de recuperación que Portugal, y eso no impidió que los Vidal, Alexis Sánchez o Charles Aránguiz se entregaran al máximo hasta recibir el pitido final con los brazos en jarra o de rodillas. Una proeza que Marcelo Díaz atribuyó a factores más que físicos.

"Nos caracterizamos por ser unos guerreros, por que nuestra mentalidad siempre ha sido más fuerte que nuestras piernas", comentó el centrocampista del Celta de Vigo. "Las ganas de representar a nuestro país siempre han sido más fuertes que cualquier cansancio o dolor". El domingo podría ser la clave de una nueva página en la historia que sigue escribiendo la "Generación dorada".

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