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Cuando suena el himno de la Liga de Campeones los pelos se ponen como escarpias, las emociones se multiplican y algunos equipos y futbolistas rinden por encima de sus posibilidades, espoleados por la oportunidad única de mirar de tú a tú a los focos de Europa.

En el caso del Paris Saint Germain, cuando suenan los acordes de la pieza de Georg Fiedrich Händel, las piernas tiemblan, los nervios aumentan y lo que en la competición doméstica es rutina, en Europa se convierte en un imposible.

La majestuosidad de Anfield fue el último testigo de otra decepción de los parisinos, que son incapaces de dar el golpe sobre la mesa que su plantilla y presupuesto demandan.

El gol de Roberto Firmino en el minuto 91 no fue sino la puntilla a un encuentro plano, aburrido y sin control, en el que el PSG estuvo a merced de los de Jürgen Klopp minuto tras minuto y solo dos errores del rival le permitió seguir con vida.

Un mal rechace de Andrew Robertson en la primera parte y una incomprensible pérdida de balón de Mohamed Salah en la segunda, desembocaron en los goles de Thomas Meunier y Kylian Mbappé, y estuvieron a punto de maquillar otra nefasta noche en el viejo continente.

Al conjunto dirigido por Thomas Tuchel y antes por Unai Emery le cuesta adaptarse a los grandes escenarios. Como si sufriera de miedo escénico, le diera respeto hablar en público o sintiese pánico cuando los ojos de todo el mundo apuntan hacia ellos.

Por eso quizás en la liga francesa están acostumbrados a golear jornada tras jornada, sin un equipo que les pueda hacer frente. La atención que reciben es menor.

Pero cuando el mundo gira su mirada hacia Neymar y los suyos, la genialidad y la sobriedad desaparecen, y todo se convierte en un cúmulo de estrellas incapaces de brillar.

Les pasó en el Santiago Bernabéu y en el Allianz Arena la temporada pasada, cuando perdieron por 3-1, ante Real Madrid y Bayern de Munich ambos encuentros, y les volvió a suceder al enfrentarse a los 50.000 aficionados de Anfield.

Los próximos escenarios a los que los actores parisinos se subirán serán el San Paolo de Nápolesy el Rajko Mitic, del Estrella Roja de Belgrado; plazas que se pueden asemejar a infiernos, pero sin un equipo delante que asuste como hizo el Liverpool.

En cuanto los focos se alejen de ellos, volverán a brillar, pero el PSG no podrá esquivar para siempre ese miedo escénico que les asusta en cada choque europeo. Si no lo superan, se tambalearán y, más pronto que tarde, volverán a caer.

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