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San Rafael Abajo. Con el simple hecho de poner un pie en su casa existe una vibra que envuelve a cualquiera en un ambiente de humildad y simpatía.

La pinta de su aposento es la típica de una familia que a base de trabajo, pero sobre todo humildad (Enfatizo el término), sale adelante en una aventura llamada vida.

Pudimos haber estado hablando frente a un actual jugador del Deportivo Saprissa pero no, el destino se encargó de poner como ídolo a este personaje en otra disciplina.

Diego Zúñiga es el típico hombre que con su fachada hace que la gente sepa quién es. Sus colochos tradicionales, el carisma y esa ambición de querer ser alguien forman una nomenclatura de aspectos que inspira a muchos. Cala profundo.

Para ser modestos con él se puede decir, también, que es la cara del país en el fútbol sala. Una finta aquí, una finta allá, e incluso una obra llamada "cuchufleta" identifican el juego que este hombre practica sobre el cemento.

Quizás el sueño primerizo poseía zacate, tacos y miles de aficionados coreando el nombre en un estadio. Empero, como dice el dicho, cuando algo es para alguien ni quitándose del camino se puede evitar.

El césped cambió por un planché. La suela es plana, no contiene taquillos que enganchen. El balón es más pequeño, más fuerte y pesado si detallar se quiere.

Esta es la vida de Diego. No crea que le hablamos de un superhéroe o mucho menos, simplemente es el relato de un futbolista que poco a poco construyó lo que hoy vislumbra a su alrededor.

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La pasión comenzó a los 9 años. Ahora, 16 años más tarde, sigue intacta, brillante y deseosa de seguir creciendo dentro de la humanidad de este josefino.

¿Zapatos para jugar? Claro está que no le duraban mucho. Entre más nuevos estaban más propensos a romperse se colocaban. La mamá de Diego pasó uno, dos, tres y hasta cuatro dolores de cabeza por la fiebre que su hijo desenvolvía en las calzadas del barrio.

Todo empezó con "mejenguitas de barrio". El círculo de amigos se reunía cada tarde para tocar el esférico y rodarlo todo el tiempo posible. Así como las infancias más perfectas, así era la de Diego.

Correr y "chollarse" no era problema alguno con el fin de llegar al filo de la noche jugando fútbol.

"Yo desde niño siempre me imaginé jugando fútbol, igual mi familia se imaginó eso, incluso jugando con el Saprissa, pero nunca me imaginé hacer historia en el fútbol sala", relata Diego mientras sus ojos destellan el orgullo que cada palabra contiene cuando rebobina el cassette.

Momentos dulces y amargos. Tan dulce como un chocolate, tan amargo como el peor de los sabores que un paladar podría sentir encima. 

El fútbol sala también es de esos ejercicios que dejan heridas de guerras. Buenas o malas las heridas están, viniendo de un buen recuerdo o el peor de los martirios.

Cuando Diego jugaba en Borussia Futsal tuvo en sus pies una pena máxima que significaba la Concachampions, ese trofeo anhelado y deseado hasta por el menos emocional.

El éxito no estaba esa noche al lado de él. El penal se lanzó pero no entró, esa fue la llave a un mar de desconsuelo y una odisea que reinaba en la cabeza.

Pero como todo hubo una revancha. El reciente Bicampeonato de CONCACAF con Costa Rica sirvió para fumigar fantasmas y sembrar ilusión en un futuro a corto plazo.

La Copa del Mundo de Colombia 2016 será una prueba que, bien sabido, no solo será revancha para Zúñiga, sino para la selección nacional completa.

Una puerta se cerró, dos más se abrieron, irónico ¿No?

Firma con el Saprissa. La vida es de decisiones. Un día se tiene en las manos el contrato deseado por años pero al otro día ya no está, se va volando.

Tomar un camino conciso significa sentar cabeza y elegir la mejor opción para sí mismo. Aunque parezca extraño, Diego tuvo en su poder la chance de sellar un contrato con el Deportivo Saprissa.

Ahorita la pregunta que reina en su mente (Lector) es: ¿Por qué no firmó con Saprissa? ¿Qué provocó no llegar a Tibás? La respuesta en sencilla.

La oferta económica de la "S" fue tan baja para con Diego que realmente decepcionaba. Los pases del bus lucían apretados con la cantidad ofrecida.

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Pensando en su familia y el futuro que le esperaba, declinar por el contrato fue la opción más valida para entonces.

Zúñiga apenas regresaba del Mundial de Futsala y en La Cueva del Monstruo lo contactaron. Hoy en día no se arrepiente por la elección que tomó.

La vida es de decisiones. Un día está en la manos la opción, al otro día se va volando...

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