Los esguinces son lesiones muy frecuentes en la actividad traumatológica. Dentro de ellos, el esguince de tobillo es el más común. Dicha lesión puede ser completa o incompleta en el aparato capsulo-ligamentario, es ocasionada por un movimiento forzado más allá de sus límites normales, o bien, en un sentido no propio de la articulación.
Esta lesión activa una reacción inflamatoria con ruptura en mayor o menor grado de vasos capilares y de la inervación local. La estabilidad del tobillo puede verse afectada, positiva o negativamente, por tres factores:
1. Las estructuras óseas
2. La musculatura periarticular
3. Las estructuras capsulares y ligamentosas.
Los ligamentos están constituidos por una banda de tejido que contiene colágeno y que brinda estabilidad pasiva a la articulación, limitando movimientos extremos a aquellos que no corresponden a dicha articulación. De esta manera ayudan a prevenir la subluxación o luxación articular (esto quiere decir que la articulación se desplaza de su posición natural).
La inserción de los ligamentos en el hueso es similar a la de los tendones. La estabilidad del tobillo está asignada por su acción. El ligamento se parece a un tendón, pues también está compuesto por fibras extracelulares paralelas y fibroblastos.
Sin embargo, las fibras de los ligamentos son menos regulares en su disposición que las del tendón. Además, toda la articulación está rodeada por tendones y músculos que completan la estabilidad activa. Cuando la articulación es forzada exageradamente, llevándola más allá de lo que es su amplitud normal, se produce una lesión de los
ligamentos. Esto puede ocasionar que se vean afectados desde un número variable de sus fibras, hasta su totalidad. La ruptura de las fibras del ligamento es acompañada de hemorragia profunda que se traduce como equimosis en la piel (morete).
Dolor, inflamación, debilidad, hematoma, rigidez articular y dificultad para caminar. Los esguinces tienen una clasificación de tres grados, basados en signos clínicos y alteración funcional:
El objetivo del tratamiento básico es la disminución del edema y el dolor para lograr una movilización y apoyo tempranos. En las primeras 24 horas antes de ir donde el fisioterapeuta podemos utilizar el Método RICE para la inflamación y el dolor. Este tratamiento consiste en 4 pasos muy simples:
El fisioterapeuta buscará siempre mejorar la estabilidad, la analgesia, la desinflamación y mejorar la marcha para que el cuerpo no realice compensaciones al realizar movimientos. Todo lo anterior lo logramos con:
Es importante recalcar que cuando tenemos una lesión, debemos acudir al profesional correspondiente, esto debido a que el fisioterapeuta o terapeuta físico, tiene el conocimiento anatómico, fisiológico y el de una adecuada rehabilitación.
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